Cine - Scifiworld http://www.statistics.scifiworld.es Mon, 19 Nov 2018 18:12:15 +0100 Joomla! - Open Source Content Management es-es Tres Caras http://www.statistics.scifiworld.es/cine/3-caras.html http://www.statistics.scifiworld.es/cine/3-caras.html Tres Caras

El devorador de historias

Siempre he estado fascinado por la idea de que tiene que haber un camino correcto para contar una historia o un modo de hacer una película. ¡Es tan estúpido! Es tan difícil creer que la gente realmente piense que si tienes una adecuada luz o usas una cámara portátil y no mueves nada fuera ni dentro del marco fílmico, la verdad emergerá, casi de una manera epistemológica. No tiene ningún sentido. Contar una historia, hacer un film, es un propósito, una búsqueda, investigas, miras, piensas, estudias, con la esperanza de que aprenderás algo, pero pensar que la verdad está conectada con el estilo…”.

                                                                       Errol Morris en Gates of Heaven (1978).

En el anterior “juego al escondite” que se tiene Jafar Panahi con el gobierno iraní, Taxi (2015) que sería su tercer intento,  una niña le lee la cartilla cinematográfica al propio director para hacer un film distribuible en Irán. Ella coge una cámara de fotos digitales y Panahi  la da un consejo: “o filmas o lees. Elige siempre una opción.” Y ella opta. La niña se pone a leer las diferentes reglas, casi todas prohibiciones, del éxito cinematográfico en su país. También el director iraní escoge. En vez de mostrar un Irán esquemáticamente moribundo, claustrofóbicamente delimitado por las puertas y la carrocería de un coche, lo expande compartiendo a través de sus gentes, un mundo rico, un país vivo, un punto de vista, una mirada en definitiva, construida sobre la cotidianidad y no sobre la apariencia. Bien, el director continúa seleccionando y aunque seguimos montados en un coche, esta vez no será una farsa de un taxi y además, no siempre estaremos en el interior del mismo, de hecho, la historia sufrirá una mutación geográfica: el escenario urbano permutará en uno rural. Y si de vehículos hablamos, el concepto de trayecto es lógico en la estructura física y narrativa de 3 Caras (2018). Un camino que roza, más que nunca, el lado “kiarostamico” en su vertiente “trilogía de Koker”, adentrándonos en la película más deudora de una etiqueta;  aquella donde mejor se puede ver la construcción de la diégesis basada en el género cinematográfico, siempre teniendo en cuenta el carácter elusivo, metafórico, de sus propuestas narrativas.

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Tras recibir un misterioso video de una joven, Marziyeh Rezaei, donde comete un aparente sacrilegio, esto es, un suicidio, una actriz, Behnaz Jafari,  acompañada por Jafar Panahi, intentaran saber la veracidad del mismo y saber qué ha pasado con su protagonista. Las cortinas se levantan, nos encontramos ante una pesquisa en un contexto de thriller, donde los actantes pulularán a modo de roadmovie por una zona de Irán frontera con Turquía. Es bueno saber dónde nos encontramos y también hacia dónde nos dirigimos, por tanto la localización del contexto narrativo del cual beberá el texto cinematográfico es importante e igualmente, el saber hacerlo también, presentando infinidad de elecciones. Desde las más típicas formalmente, el plano general, hasta las más atípicas, una conversación: hay un momento en el que un personaje le espeta al director que hable turco y éste le responde que no sabe muy bien, a lo que su interlocutor responde que nunca se olvida una lengua materna. Es cierto, algunas veces el director iraní hará de intérprete de su acompañante. La lengua (persa/turca) como unificadora cultural de dos países musulmanes opuestos y arraigo indisociable del hombre. No es baladí que Panahi haya localizado su historia en este pueblo fronterizo, quizás desde la distancia se pueda obtener una mirada más cercana, certera, de una sociedad.

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El camino se desarrolla mediante una serie de mojones narrativos en busca de una respuesta, alimentada por un sentimiento de culpa de la actriz, que de alguna manera empuja la primera parte de la trama. Al principio he descrito el video como enigmático. La joven que quiere ser actriz no aguanta más y decide quitarse la vida. Lo hace en un ambiente cavernoso, sus pasos lentos y cuidados nos hablan de la construcción de una escena característica del género de terror. La cámara en mano ayuda a crear un agobio tétrico. A medida que caminamos con ella, vemos la superficie rocosa sobre su cabeza y oímos otra acuosa, sobre el ligero chapoteo de sus pies. ¿Qué es el cine de terror sino una edificación de su ambiente? Mientras la actriz con Panahi mira el video, y de  manera lógica lo volvemos a oír fuera de campo visual, sobre su rostro caen lágrimas de culpa. Su rostro es desasosegantemente dramático. Vemos cómo reacciona al visionado, nos encontramos ante el melodrama, aquel que se nutre de una cierta realidad cinéfila: un rostro, un sentimiento, una decisión. Formalmente nos regala un giro de trescientos sesenta grados sobre el eje de la cámara en el interior del coche para constatarlo. El personaje anda, desorientada, en círculos siendo atacada por ese sentimiento de culpa mientras el director de pie impertérrito, habla a su madre de que no está haciendo otra película. El humor sutil, filtrado débilmente, es otra constante del director iraní y aquí se contrapone a la emoción que está sufriendo su compañera. Frente al rostro contenido del propio Panahi, el de la actriz es uno febril. Dos puntos de vista diferentes (otra característica del (sub)género, en este caso el de las buddymovies) intentado solucionar su particular caso. Y ¿con qué propósito? Ya lo dijo el director en el primer escondite, Esto no es una película (2011),: “si no podemos contar una película entonces, no podemos hacerla.

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Y no hay duda que en cada desafío narrativo, Jafar Panahi quiere relatar una historia y lo apasionante del hecho es la consciencia de su propia estructura. Uno tiene la “sensación” de que el director  no sabe cómo contarla al principio, y que a medida que se van desarrollando los sucesos, al mismo tiempo, se va construyendo la ficción retroalimentándose del propio proceso creativo. Pero hemos hablado de “sensación”. Panahi es un gran prestigiador y sabe muy bien cómo realizar su truco. Te puede presentar, por ejemplo, en medio de la historia un pueblo que espera a que alguien los ayude con sus problemas circunstanciales, y que después se confronten con la frustración comprobando que los protagonistas no están para ese propósito, sino para saber dónde está una niña díscola, según algunos. El alcalde resignado vocifera a los suyos que tendrán que arreglárselas ellos solos, como siempre. Pareciera una comunidad conformista y dependiente del otro, en este caso, de una administración que nunca está y, como consecuencia de esa ausencia, la necesidad de crear unas normas ancladas en el pasado. Las costumbres pesan como una losa aunque haya personajes que las estén desafiando, en nuestro caso, las mujeres, como la anciana que duerme en su propia tumba pero sin losa, a cielo abierto. Parece feliz, esperando su final, eso sí, lo hace resguardada con una lámpara de queroseno para espantar las picaduras de las serpientes durante la noche.

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El reducto de la actriz madura, Maedeh Erteghaei,  tercera cara de este triángulo actoral femenino, es un oasis dentro de una sociedad iraní esclavizada de su pretérito (¿qué sociedad no lo está?) pero que mira al futuro con cierto optimismo, uno limitado por las cuatro paredes de la pequeña casa. Es un lugar fascinante, que crea envidia narrativa para el hombre, para Panahi. Vemos como se queda en el coche sin poder acceder al lugar. Vemos su rostro, el tiempo pasa, el foco de una farola golpea las gafas del director, creando excitación por saber qué pasa, está deseando de contarlo. No deja de mirar y solamente, igual que el espectador, atisbamos a través de las cortinas unos gestos, unos brazos alzados, un movimiento de cuerpos, ¿están bailando? ¿Están celebrando algo? El director se transforma en testigo, mirando sin poder hacer nada, sin poder ejercer un control absoluto de la situación, solamente potenciando su imaginación. Para un devorador de historias como él no es fácil, aunque estemos acostumbrados a momentos pregnantes como éste, más por lo que insinúa que por lo que enseña: un acto de creatividad enmarcado en un ejercicio de libertad, una mirada política camuflada.

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Este proceso de tirar del hilo narrativo e ir constatando una serie de historias subterráneas (la del prepucio, la del claxon o la del semental), a medida que va sucediendo la que se encuentra en la superficie, nos hace partícipe de esta gula por narrar del creador iraní concluyendo, un tanto humanísticamente, que su sociedad puede estar cambiando, o al menos y curiosamente, una parte de la misma; la más ancestral, la más olvidada, aquella que colinda con otra forma de ver las cosas, de cómo construirlas. Lo que sucede en la secuencia de la casa de la joven desaparecida es muy sintomático. Primero porque no sólo enmarca la situación en ese justo momento, volveremos a ella en otro momento, abocetando esa sensación de lo que hablábamos antes, como de work in progress del film, sino que también desde el plano narrativo, asistimos a un cambio que enlazará directamente con el final de la historia, uno de connotaciones culturales y sociales. El fondo y la forma se dan la mano constantemente en el cine de Panahi.

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Lo primero que aparecerá, o más bien emergerá, es una mano y después un cuerpo tensionado, un volcán en erupción. El hermano iracundo de la joven desaparecida se presenta ante los protagonistas. Sujetado por la madre, la sensación de agresión es constante, el peligro acecha en toda la secuencia. Es la representación de las tripas; el odio atávico siendo frenado por un cuerpo frágil de una anciana, zarandeado pero persistente en su propósito: frenar a su “Goliath” armada con una valentía inquebrantable, en definitiva de un amor, y por tanto, de una comprensión de madre. El tiempo pasará y después el padre retornará a esa casa. Durante su ausencia pareciese que el hijo hubiese hecho un golpe de estado en el hogar y al regresar el rey, y contra todo pronóstico, lo expulsará no solamente de la casa sino lo sacará de la historia. No existe mayor castigo para un actante que no saber lo que está sucediendo a su alrededor.  No obstante las cosas no son tan fáciles y menos los cambios. El personaje del hijo esperará pacientemente con una piedra a que Panahi se vaya del coche para después volver a explotar. Quizás las cosas estén cambiando pero muy lentamente, a otro tipo de ritmo, a uno que no estamos acostumbrados por estos lares y que desembocará en ese plano fijo final. Optimista y descorazonador al mismo tiempo. Volvamos a la historia y su herramienta fundamental, la interpretación. Misteriosamente formal con ese impacto en la luna del coche, vemos como dos mujeres van caminando hacia un presumible punto  de fuga, al final del camino. El director se queda en su coche esperando a que pase otro por ese camino de único sentido, generador de un cómico código morse. Las grietas del golpe de la piedra están distribuidas caóticamente por la luna del vehículo, nuestra pantalla esporádica. Vamos viendo a las mujeres alejarse hasta que llegan a desaparecer justamente debajo de una de las grietas sobre el cristal. Las mujeres caminan solas por ese camino milenario, sobre la sombra de una ramificación violenta. Miremos las cosas bellas con cuidado. Puede que algo está cambiando pero es casi imperceptible. Equipémonos con la paciencia, que es la madre de todas las historias, o por lo menos, de las buenas.

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  • Tres Caras
  • Jafar Panahi
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    Proyectom05@hotmail.com (José Amador Pérez Andujar) Cine Tue, 13 Nov 2018 12:08:24 +0100
    Stargate, o de distancias interestelares http://www.statistics.scifiworld.es/cine/stargate-o-de-distancias-interestelares.html http://www.statistics.scifiworld.es/cine/stargate-o-de-distancias-interestelares.html Stargate, o de distancias interestelares

    Las distancias en el espacio son enormes e inabarcables.

    Esta película fue la que adentró a su director Roland Emerich en los blockbusters. Con unos adecuados y justos efectos especiales (los inicios del morphing) estamos ante una película entretenida; aunque decae un poco en la parte de la problemática del lenguaje en el planeta Abydos.

    En esta película, como en sus derivados, utilizan unas puertas estelares para viajar entre planetas distantes. Estas puertas son generadoras de agujeros de gusano que permiten bordear la problemática del límite de la velocidad de la luz.

     

     

    La Vía lactea


    Nuestra galaxia es grande, enorme. Posee una forma en espiral compuesta de ocho brazos y donde la Tierra se sitúa a mitad de camino del centro galáctico en el llamado brazo de Orión; parte del brazo principal Sagitario. La galaxia posee un diámetro de 150.000 años-luz y un grosor medio de 1.000 años-luz, calculándose un número entre 100 y 400 mil millones de estrellas.

    Aunque en las representaciones de la Vía lactea parezca una aglomeración de estrellas, la realidad es que la densidad media es de tan solo 7·10-9 g/cm3 ó 0’0028 masa de Sol por cada año-luz. El resto es vacío interestelar.

     

     

    El sistema solar


    Estos números también se dan en el sistema solar y es que las distancias astronómicas son enormes. El planeta más alejado del Sol es Neptuno y se halla a 4.504.300.000 Km de él. El más cercano es Mercurio con 57.910.000 Km de distancia.

    Para hacernos una idea de tamaños y distancias lo mejor es relativizarlo. Siendo 1000 millones de veces menor, tendríamos un Sol del tamaño de una pelota de goma de gimnasia. La Tierra tendría el tamaño de una canica y estaría colocada a 150 metros del Sol. El más lejano, Neptuno, sería una bola de billar colocada a 4’5 Km. El más cercano, Mercurio, sería 1/3 dela canica y estaría a unos 70 metros.

    Son tan bastas las distancias en el Universo que la estrella más cercana a nosotros está a unos 4’37 años-luz. La galaxia más cercana es la llamada Can Mayor a unos 25.000 años-luz de nuestro Sistema Solar. Esta se trata de una galaxia difusa que fue engullida por la nuestra y forma parte de ella. La galaxia independiente más cercana es la de Andrómeda a 2.000.000 años-luz, la cual se acerca a 300 Km/s, mas que colisión se producirá una unión de ambas galaxias produciendo una galaxia aún mayor.

     

     

    Los antiguos


    Parece que la construcción de estas puertas es la solución más inteligente para poder viajar entre planetas. Las puertas de la Via Láctea poseen 38 símbolos, por lo que hay 1.987.690.320 de posibles destinos al marcar 7 símbolos.

    Parecen muchas, pero el número de estrellas en la galaxia, como se ha visto antes, son de 400.000.000.000. Así el número de posibles planetas que orbiten esas estrellas serán muy superiores a los de posibles destinos seleccionables. Ni los ancianos pueden llegar a todos lados.

    • stargate
    • Roland Emmerich
    • Kurt Russell
    • Ciencia vs Ficción
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      cardescu@gmail.com (Cristian Cárdenas) Cine Sun, 11 Nov 2018 21:02:34 +0100
      Lázaro feliz. Un viaje a la literalidad de ciertas imágenes. http://www.statistics.scifiworld.es/home/lazaro-feliz-un-viaje-a-la-literalidad-de-ciertas-imagenes.html http://www.statistics.scifiworld.es/home/lazaro-feliz-un-viaje-a-la-literalidad-de-ciertas-imagenes.html Lázaro feliz. Un viaje a la literalidad de ciertas imágenes.

      Premio especial del jurado, Sitges 2018.

      Un grupo de aparceros vive enclaustrado en un sitio llamado Inviolata. Ni siquiera es un pueblo propiamente dicho pero han creado una comunidad en cuatro casas. Sin violar sería la traducción literal, sin tocar o en pasivo, sin ser tocada. La utilización del tiempo verbal es muy sintomática con respecto al personaje de Lázaro (Adriano Tardiolo). Es un sujeto que recibe la acción, obedeciéndola pasivamente y es que la película de Alice Rohrwacher quiere ser fiel a algunas imágenes y como veremos lo hará de una manera sencilla. No buscará atajos e irá por el camino recto, buscando esa fidelidad visual. Esa finca anclada en un pretérito, cuasi medieval, estuvo conectado con la sociedad pero hace mucho que el puente que los unía quedó destruido y el contacto desapareció. Existe un plano donde sobre el techo de una habitación hay un dibujo que enseña esa conectividad pictórica. No sé sabe por cuánto, pero los habitantes de ese refugio custodiados por una señora feudal, siguen viviendo, ya no como les podía haber enseñado una cierta tradición, sino cómo se las han impuesto a (sobre)vivirla.

       

                            Lázaro feliz 4

       

      La secuencia del lavado de cerebro viene al caso. La marquesa de Luna (Nicolleta Braschi) lee su “contrato feudal” a unas niñas sometidas a esa comuna que controla. Es importante comprender este tipo de literalidad que abarca a los personajes y a su diégesis, ahora bien, quizás no éste a la mirada de todos, ni siquiera a la mirada de un primer visionado. Ahí radica su interés, a una riqueza que no apabulla y que va informando sutilmente percutiendo a la narración, como esos planos cenitales casi procedentes de otro mundo (sobre todo para los habitantes de Inviolata), dignos de un Tarkovski, al anunciarnos la presencia de un helicóptero. No será la primera muestra referencial de la directora. Y esto ayuda a construir la parábola llevándola por otros derroteros, pero insisto, siempre adheridos a una ontología de las imágenes. La imagen cinematográfica trascendental, erigiéndose en significante que se extiende a otras cosas. Por lo tanto no estaremos ante una ficción que se apoye en un montaje constructor de secuencias de una complejidad vacua, pero si estaremos asistiendo a paradojas internas dentro del propio plano. Por ahí se filtrará el componente fantástico, coexistiendo dos tiempos diferentes, pasados y presentes continuos de la historia. ¿Y qué nos dicen las imágenes de Lázaro feliz (2018)? Pues mucho con poco. La primera secuencia nos habla de una reunión, pero no una cualquiera, es una especie de pedida de mano bajo otra sombra cinéfila. Es el encuentro “pasoliniano” que nos evoca a esa primera reunión de Mamma Roma (1962), ya no sólo por lo que vemos, incluida la presencia de un animal (en nuestro caso es una gallina pero en el del director boloñés, era un cerdo) sino por los rostros que observamos. Son auténticos, como los que rescataba Pasolini en sus narraciones buscando la faz, casi etnográfica en su tratamiento, social y cultural.

       

                           Lázaro feliz 2

       

      Salvo algunos papeles protagonistas, podríamos decir que las ficciones de Rohrwacher siguen ese patrón en cuanto a la caracterización. Ya en su primera ficción de largometraje, Cuerpo celeste (2011), nos invitaba a un viaje astral por la interpretación (contrario a la literalidad), de la fe y sus rostros, sobre todo el de  Marta (Yle Vianello), sintetizado la pureza de la incomprensión de los actos religiosos. La búsqueda de un rostro “puro” también como elemento de autenticidad, sin olvidarnos que esa autenticidad  también se nutre de una literalidad sensitiva y sensorial. La simpleza de la puesta en escena, sin alardes técnicos, en algunos momentos rozando el documental, mejora esa forma de narrar. Vamos descubriendo a la par que lo hacen los propios personajes pero aquí Rohrwacher juega con ventaja, otorgándole al espectador la información que niega a su personaje. Lázaro se despierta y camina hacia la mansión de la marquesa y ve a unos hombres llevarse cosas del interior. El espectador sabe que no son unos transportistas como le dicen al protagonista, que se lo cree a pies juntillas. Caminamos de la mano de un inocente, como el resto de la comunidad donde proviene. Si bien es cierto que dentro de la comunidad se ha establecido una cierta jerarquía ignorante, siempre desde la base del desconocimiento, desde el cercenamiento (de eso se encargará la marquesa) de la curiosidad y reprimida bajo el miedo. Por lo tanto, los personajes no están sometidos a una ética o moral, sino más bien, se encuentran en un limbo conformista con lo que creen saber tener a su alrededor. Es llamativa la secuencia del éxodo en la que son ayudados a pasar un riachuelo porque tienen miedo a hundirse.

       

                           Lázaro feliz 3

      Todo esto se ha generado en la historia debido a la idea de un (auto)secuestro por parte de Tancredi (Luka Chicovani), el hijo de la marquesa, el cual involucrará a Lázaro para poder llevarlo a cabo. Aquí la ciudad conoce al campo, la malicia a la bondad, el artificio a la verdad. Personajes equidistantes socialmente pero juntos narrativamente. Tancredi no deja de pedir, es un personaje voraz, nunca tiene suficiente, Lázaro no deja de ofrecerse, es un personaje moderado. El primero se aprovechará del segundo constantemente pero no solamente él. A Lázaro le toca hacer de todo y ayudar a todos y ante esta construcción de la bonhomía, el grupo se saciará de ella. Es descarado lo que le dice el patrón, Nicola (Natalino Balasso) a los demás poniendo a Lázaro como ejemplo de servidumbre. Sus  mismos compañeros también se beneficiarán del protagonista, incluso llegando a ningunearlo cuando no lo necesiten. Hay un diálogo entre mujeres y de pronto, oyen un ruido y una de ellas pregunta que quién es y otra, mirando a Lázaro, contestará que nadie. El film puede llegar a ser cruel en algunos momentos, sobre todo cuando se alía con la metáfora. La secuencia de la subasta de trabajadores, casi todos inmigrantes, deja al descubierto una sociedad excluyente, “ombliguista” y descaradamente clasista con el otro y más, como corren los tiempos, si son de fuera. Existe una conversación entre la marquesa y su hijo interesante. La madre le dirá que el campesino es consciente de su situación y, de algún modo, se resguarda en la misma a lo que Tancredi la contestará que puede haber otro tipo de persona (está pensado en Lázaro) que piense de otra forma, una desinteresada, a lo que la marquesa contestará que eso es imposible. Puede que Lázaro escenifique esa imposibilidad. El grupo social castiga la bondad. Será en un banco, precisamente, donde descubriremos a los lobos con piel de oveja. Nos encontramos en un contexto contemporáneo, en un lugar común del siglo XX , pero la acción, el castigo, bien podría retrotraernos a un sacrificio milenario. Lázaro posee un tirachinas que le regaló Tancredi y lo tiene en uno de los bolsillos de su pantalón. Cuando uno de los empleados de la sucursal bancaria se percate del extraño bulto, preguntará nervioso a Lázaro si tiene un arma, y éste le responderá que sí. El miedo se adueñará del espacio para después, darse cuenta sus habitantes, que lo que creían que era una pistola es simplemente un tirachinas. El corrillo de gente va rodeando al desnortado joven. ¿Hubiesen preferido que Lázaro tuviese intención de robarlos y en el peor de los casos, herirlos o matarlos? ¿Hubiese sido justificable entonces el acto violento? ¿O entienden la situación como una broma y deciden actuar por su cuenta? No será que ante la opción de construir una secuencia de un atraco espectacularmente realizada, deudora de un determinado tipo de cine, la directora haya optado por una decisión más aferrada a lo que las imágenes son, a lo que nos enseñan, y no a aquellas que juegan con un tipo de posibilidad.

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      • Sitges 2018
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        Proyectom05@hotmail.com (José Amador Pérez Andujar) Indie Mon, 29 Oct 2018 22:12:10 +0100
        Slender Man http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/slender-man.html http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/slender-man.html Slender Man

        El Ciber-Coco

        Hace exactamente diez años Victor Surge, bajo el pseudónimo de Eric Knudsen, creaba lo que a la postre iba a ser la más famosa creepypasta de las que han surgido en la red de redes hasta la fecha; Slenderman. Quien se lo iba a decir a él en aquel año, pero así fue. De esta manera, junto a Jeff The Killer o el Smile Dog entre otros, Slenderman pasaría a formar parte de esa cultura popular 2.0 de la juventud de hoy en día. Una leyenda urbana cibernética que, dicho sea de paso, tiende a dar mucho juego, ya no solo a nivel de historia escritas, sino que ya ha inspirado a un buen número de realizadores que desde hace unos cinco años se han lanzado a la aventura de adaptar al joven personaje al audiovisual. De este modo nos han ido llegando cintas y cortometrajes como The SlenderMan, EntitySlender o la más destacable de todas Always Watching: A Marble Hornets Story. No fue hasta el año pasado que una major (Sony) se tiró a la piscina para producir lo que sería el primer film basado en un creepypasta por parte de una gran compañía, sin tener en cuenta la recomendable serie Channel Zero, que también exploraba estos territorios. 

        Había mucho hype en relación a esta nueva Slender Man, de hecho, se postulaba como una de las más esperadas por servidor para este 2018, pero sus continuos retrasos en la fecha de estreno y las críticas demoledoras que empezó a recibir a raíz de los primeros visionados de prensa no auguraban nada esperanzador. Que decir tiene que tras ver el material del francés Sylvain White, se confirma que nos encontramos ante otro caso de haterismo extremo, algo que en los últimos tiempos parece haberse convertido en un deporte de riesgo para eruditos del séptimo arte. Pero vamos primero con la trama:

        Cuatro adolescentes de un pequeño pueblo estadounidense invocan mediante un video viral a una criatura alta, delgada y espeluznante llamada Slender Man. Las muchachas se dan cuenta pronto de que la broma ha dejado de tener gracia cuando Slender Man parece haberse llevado a una de ellas y que sus vidas corren peligro.

        Sí, lo sé, el argumento no descubre América precisamente, pero ¿merece Slender Man todos los palos sin piedad que se está llevando? Para nada. Por otro lado, ¿funciona como adaptación del personaje? Más bien no... Pero... ¿funciona como cinta de horror teen (público al que va dirigida mayoritariamente)? Sí. Son infinidad de películas ya con idéntico esquema narrativo y resoluciones de secuencias que funcionaron y con las que no hubo que cebarse. Aquellas que copaban las vitrinas de los videoclubs a principios de siglo (The Messengers, por poner sólo un ejemplo). Slender Man es una más de ellas. Una película de creación de atmósferas, algunas de ellas incluso muy inquietantes y que tira además de un elemento novedoso dentro de este tipo de producción; el estilismo videoarte que desprende muy en la onda de lo ya visto en clásicos modernos como La Señal. Se muestra con intensidad el daño y deterioro progresivo de las protagonistas tras su primer contacto con Slenderman (que podría haber sido cualquier otro ente) y es aquí donde más se aferra White y su película para crear escenas perturbadoras, cercanas a un horror light que pasará sin pena ni gloria pero que están llevadas a cabo de forma correcta. 

        Los puntos negativos los encontramos en que no adaptaría bien, o directamente no adaptaría para nada, la mitología de Slenderman, de ahí mi comentario anterior que podría haberse tratado de cualquier otro ente o demonio. Tampoco es lo suficientemente malrrollera, como debería ser una película que se inspira en un creepypasta de esta magnitud. Y todo esto ocurre, aunque lo intente, ya que nos va llevando por paralelismos que a priori podrían ser interesantes como las historias de seres bio-eléctricos o el mito de "El Flautista de Hamelín" que bien sería el homónimo actual de lo que sería Slenderman hoy en día. Pero el problema no es el film en sí, o la dudosa decisión de otorgar la dirección al responsable de Siempre sabré lo que hicisteis el último verano, sino que desde su génesis se concibe como una película de terror de instituto y al parecer muchos no estaban preparados para esto.

        Mirando ya al reparto destaca Joey King, la Horror "Teen" Queen a la que ya hemos visto desfilar por películas de terror como Siete Deseos o Expediente Warren, pese a no construir tampoco una interpretación memorable. Algo que también ha molestado a varios. Y cómo no a uno de nuestros orgullos patrios más internacionales, Javier Botet. Un actor que ha conseguido que una película de terror sea anómala si no trabaja él en ella. 

        En último lugar, no puedo despedirme sin pecar de tópico y realzar aquel refrán que reza "la realidad siempre supera la ficción" y mentar el documental de HBO Beware The Slenderman, en el que se narra los eventos reales de como dos adolescentes (Anissa Weier y Morgan Geyser) apuñalaron repetidas veces (hasta 19) a una compañera de instituto (Payton Isabella Leutner) el 31 de Mayo de 2014 en un bosque de Wisconsin, siendo estos actos parte de una supuesta invocación a Slenderman. En fin. Decir además que estos acontecimientos se ven, de alguna manera reflejados en la película, aunque no con toda claridad, sino de una forma latente a partir de que las chicas protagonistas descubren que para recuperar a su amiga desaparecida tienen que hacer un sacrificio en honor a Slender...

        En resumidas cuentas, estamos ante un rara avis incomprendido, aunque ignoro totalmente si esta era la intención inicial de White. Un terror adolescente con un alto componente onírico que funcionará sobre todo en fiestas de pijama millenials. Para todo lo demás este Freddy Krueger moderno bien puede ser curioso, siempre y cuando no se tenga en cuenta la opinión del mediocre ejército de haters siguemodas que la vilipendian como si no hubiese un mañana. 

         

        • Slenderman
        • Sylvain White
        • Joey King
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          ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Sat, 20 Oct 2018 18:08:34 +0200
          First Man http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/first-man.html http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/first-man.html First Man

          Damien Chazelle, cineasta total.

          En plena Guerra Fría, un envalentonado John F. Kennedy se marca un "aguántame el cubata" y en septiembre de 1962, mirando de reojo el poderío propagandístico ruso y sus logros en el pulso que mantenían con los EE.UU. en la llamada Carrera Espacial proclama al Mundo aquello de "mandaremos en esta Década un vuelo tripulado que pisará la Luna y con el compromiso de traerlos de vuelta, no porque sea un reto fácil, sino por que es un desafío difícil".

          Pasada la década de los Cincuenta, con el país ya recuperado de las heridas de la II G. M. hay una cierta prosperidad económica y la sociedad necesita alicientes que les recuerden que son el faro que ilumina el mundo libre, los garantes de los sacrosantos valores occidentales y qué mejor que afrontar esa singladura nunca antes planteada de forma estricta. Lo cierto es que el futuro de la Humanidad pasa por un inevitable éxodo si queremos perdurar como especie, a no ser que los dirigentes futuros (y presentes, no perdamos el temor) decidan acabar con cualquier signo de vida inteligente en el planeta.

          Con el compromiso gubernamental de inyectar 25.000 millones de dólares de la época, se crea primero la NACA y posteriormente la archiconocida NASA, para cumplir con la promesa del que fuera 35º presidente estadounidense. De forma amena el escritor Tom Wolfe escribió en su The Right Stuff (1979) los tropiezos y aciertos del proyecto Mercury. Sólo cuatro años más tarde Philip Kaufman adaptaría el texto para dirigir la notable película homónima, que en su lograda composición beben otros filmes como el Armageddon (1998) de ese artificiero plano que es Michael Bay o la cumplidora Space Cowboys (2000) de Clint Eastwood.

          Era, por cierto, el cineasta de Carmel el propietario junto a Warner de los derechos de autor (hasta que Universal los recompró) de la novela biográfica que Hansen escribió en 2005 sobre Neil Armstrong, titulada First Man: The Life of Neil A. Armstrong, mamotreto de 500 páginas que a este modesto plumilla su lectura resultó bastante plúmbea. No era el mito estadounidense un hombre proclive a la parafaernalia más crematística. Destacaba más por su humildad y sencillez a la hora de recordar los eventos acaecidos a lo largo de esos años cenitales. Una leyenda americana en la mejor tradición de esos héroes anónimos descritos en el cine de John Ford, centauros hercúleos que el tiempo acaba borrando de la memoria colectiva; pero no así el caso de Armstrong, dada la envergadura de la epopeya sufrida.

          Y es aquí en donde entra en juego la apuesta arriesgada de Damien Chazelle y su equipo de fieles para adentrarnos en el universo propio de un matrimonio sacudido por una temprana desgracia (algo que marcará a fuego al propio Neil) que intenta sobreponerse con el pasar de los años. Josh Singer guionista triunfal de las excepcionales Spotlight (2015) y The Post (2017) vuelve, junto a Nicole Perlman, a conmover con su texto desde la austera, pero sincera emoción una compleja historia de miradas, anhelos y deseos. De temores silentes que rozan la fina línea del docudrama más inmersivo. Memorable es la secuencia en donde la esposa Janet exige una reunión con sus hijos para que se les explique los riesgos reales de la misión que su padre está a punto de comandar. Las procupaciones pueriles del menor y ese abrazo final de buenas noches, la mirada fija del mayor a su progenitor, consciente de la gravedad del momento y ese apretón de manos lleno de respeto, admiración y acongojante y comedida angustia.

          Chazelle lo ha vuelto a lograr. No usa recursos fáciles para compungirnos el corazón. Simplemente mantiene la cámara a una distancia que nos permite entrar en las vidas de estas personas sin que ellos perciban esa intromisión por parte del cineasta llamado a liderar su generación a nivel mundial. Creo que desde Coppola, no he vuelto a ver a un director con el dominio tan aplastante que ejerce en el set. Esa planificación milimétrica con un uso de la técnica narrativa que si en Whiplash (2014) se nos antojaba sorprendente, para un joven de 27 años y que en La La Land (2016) nos dejó boquiabiertos por la excelencia alcanzada, en First Man (2018) es la culminación incontestable de un talento que se proyecta en el tiempo como inquilino eterno en el Olimpo cinematográfico, al lado de los más grandes directores estadounidenses.

          El joven director plantea dos direcciones en una. Para los encuadres muy cerrados que resaltan la claustrofobia de esos primerísimos planos, dentro de las cápsulas del proyecto Gemini -auténticas latas de conserva- usa la Aatem Penelope de 35 mm, ligera y pequeña cámara en mano perfecta para resaltar las imágenes que los noticieros de televisión de esos años mostraban a los hogares americanos, incluyendo un intencionado efecto visual granulado, iluminado con la cruda y mortecina pálida luz de interior de pasillo hospitalario. Gran mérito, sin duda de Linus Sandgren, su dop de siempre y que tras la apología visual de La La Land, se retrotrae al intimismo más bergmaniano posible. Y en aquellas composiciones en donde es necesario suavizar la imagen para potenciar la relevancia del momento vivido usa la Camtec Vintage y las ópticas Arr/Zeiss. Modelo especial de la familia de las Ultra Prime que le sirve para jugar mucho con los flare visuales (para las secuencias lunares el aspect a usar es el 1.43:1 y el 1.90:1). Ocurre no sólo en interiores, si no en esa secuencia de apertura, por la que reconozco tenía especial interés dado el recuerdo imborrable de ese inicio gozado en su La La Land. Aquí apuesta por otro estilo, pero que también impacta, en gran medida gracias a la música y la excepcional edición de sonido.

          Y es que la B.S.O. de Justin Hurwitz -con palpable homenaje a 2001: A Space Odissey (1968)-que para la ocasión se recrea en reproducir sonoridades salidas de instrumentos tan poco usuales como el Theremin, filtrado por el rotor Leslie y el sintetizador Moog; es otra conquista, distinta por la complejidad a la que no estábamos acostumbrados por el gusto que tiene a orquestar con colorista grandilocuencia sus composiciones, pero que para esta producción se somete al tempo visual planteado por Chazelle. Se me antoja, de hecho, más difícil para Hurwitz que la escrita para La La Land, pero no creo que repita alopécica estatuilla por que no es una obra tan del gusto de la Academia estadounidense. No así el montaje de Tom Cross, que lo veo muy en la senda del ofrecido por Richard Chew en The Conversation (1974) y apunta a méritos máximos en los premios Oscar.

          Para lo que tampoco tengo dudas de reconocimientos mayores es por la, como decíamos, ciclópea labor de Mary H. Ellis (Zombieland -2009-), por su descomunal edición de sonido; en donde construye un sólido puzzle entre el montaje de los efectos de sonido de Phil Barrie (tremenda también la huella sónica dejada en el Mad Max de 2015) y el diseño de sonido del veterano Ai-Ling Lee. Tanto los aviones cohete X-15 de Chuck Yeager como las cabinas de los proyectos Gemini y Apolo, crujen de dolor ante la torsión sufrida. Chirrían como leviatanes anunciando futuras desgracias, aúllan como bestias salvajes preparadas para la matanza que está por llegar. Insisto, es una victoria cumbre en las calidades que nos brindan.

          En el apartado de efectos visuales y especiales Chazelle, sabiamente no sobrecarga en exceso con una erupción estética ni de barroquismos psicodélicos. La compañía Double Negative, responsable de los increíbles CGI vistos en el Inception (2010) de Nolan o en el Blade Runner 2049 (2017) de Villeneuve culmina un perfecto proyecto que el director lleva con esmero. No quiere hacer una película de, si no con efectos especiales. Sobresalientes, pero sin desequilibrar su propuesta formal; intimista, aséptica, por momentos sencilla hasta dejarnos sin aliento. Hay una conjunción imperceptible, como si de un complejo mecano se tratara, en la suma del resto de apartados técnicos. Desde la capitanía de Nathan Crowley -John Carter (2012)- en el diseño de la producción, pasando por la calcada dirección de arte y la impecable réplica en el set de decorados y vestuario. Nombres como Erik Osusky, Kathy Lucas o Mary Zophres (qué distintas creaciones con respecto a su anterior trabajo) son obligadas resaltar.

          Y para finalizar (sí, ya estamos acabando sufrido lector), una breve mención a la actriz Claire Foy, "The Girl" en Season of the Witch (2011) de Dominic Sena, que conmociona con su mirada y bate sin misericordia el inexpresivo rostro sin vida de Ryan Gosling, actor de difícil trago interpretativo y que se confiesa honrado por caracterizar al mito estadounidense. Un mito, por cierto, que apunto estuvo de no serlo. No era la primera opción, pero supo estar en el momento adecuado y en el sitio correcto. Aunque visto con la perspectiva histórica del devenir de los años, tuvo "lo que hay que tener" para cumplir con éxito la epopeya más recordada, posiblemente, de todo el S. XX y una de las grandes gestas de la Humanidad, desde que a unos locos muertos de hambre los metieron en tres cáscaras de nueces en busca de nuevas rutas comerciales.

          First Man, una película absolutamente magnífica.

          • First Man
          • Damien Chazelle
          • Ryan Gosling
          • Claire Foy
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            javieraldariz@hotmail.com (El Guerrero Mandingo) Críticas Mon, 15 Oct 2018 17:22:13 +0200
            2001. Una corrección espacial http://www.statistics.scifiworld.es/cine/2001-una-correccion-espacial.html http://www.statistics.scifiworld.es/cine/2001-una-correccion-espacial.html 2001. Una corrección espacial

            Rigor científico. De simios, la Luna y estaciones espaciales

            2001 es el paradigma de película científicamente acertada. En ella se esconden sutilmente grandes teorías tanto de Ciencia como de ingeniería.

            de simios, la Luna y estaciones espaciales

            Ya hace unos meses de la conmemoración de los 50 años del estreno de la película insignia de Stanley Kubrick, pero en España tardó 6 meses más en poderse disfrutar (17/10/1968).

            Con el reestreno de este año en cines se tuvo (y tuve) la oportunidad de verla en su formato de origen y comprobar como se trata de una enorme experiencia visual. Filmada para ser proyectada en tres pantallas consecutivas que abarcaran 135º de visión, la actual proyección en pantalla grande genera un salto cualitativo y cuantitativo en calidad desde el formato TV, como el que pudiera adivinarse desde la gran pantalla hasta los 135º.

             

            Rigor científico


            Ideada, creada y rodada años antes de poner el primer hombre el pie en la Luna, este film está plagado de aciertos científicos que por aquel entonces solo eran deducciones teóricas a partir de datos obtenidos en misiones espaciales precederas.

            El asesoramiento del autor del texto original en el que se basó la película, Arthur C. Clarke, y los aportes de numeroso personal de la NASA permitió crear un entorno perfectamente representado y aun hoy totalmente creíble. Esta rigurosidad alargó a cinco años la producción, llegando a un presupuesto final de diez millones de dólares de 1968.

            La imposibilidad de sonido en el espacio, la gravedad artificial, la IA o artilugios tecnológicos impensables en aquel año, son solo unos pocos ejemplos de los aciertos científicos y tecnológicos dentro de esta película.

            Para comprobar el rigor científico de 2001 se presentarán, a continuación, tres ejemplos representativos: Los simios, los paisajes lunares y la estación espacial.

             

            El amanecer de la humanidad


            Tres largos minutos de total oscuridad con la penetrante música de Ligeti plasma el caos primigenio. Seguidamente se da paso a la más calurosa sabana africana, lugar donde (sobre)viven nuestros ancestros simiescos.

            El tramo inicial de 2001 es mi parte preferida, más ahora al descubrir el falso 3D en el en el que está rodado y no se podía degustar bien en formato TV. De ello tenía conocimiento previo, pues en una exposición sobre Kubrick en Roma pude disfrutar al formar parte del decorado africano usado en la película y descubrir su forma de rodaje; un genio. Pero vayamos a la escena en cuestión.

            Los simios sobreviven comiendo raíces y vegetación seca, huyen a la más mínima interacción y se acurrucan atemorizados durante la noche. En el día se desplazan a cuatro patas, separando del suelo los cuartos delanteros solo para llevarse a la boca cualquier brote.

             

            Bien es sabido que la capacidad de coger con las manos se halla restringida a unas pocas especies y todo gracias al pulgar oponible. Este es característico de los simios y monos, aunque ellos siguen manteniéndolos en las extremidades posteriores para poder escalar árboles. En el caso humano la adopción de la postura bípeda causó la pérdida de este pulgar oponible en los pies.

            La evolución al bipedismo del hombre, ya fuera para tener capacidad de llevar cosas, avistamiento lejano de depredadores, menor exposición al sol y/o eficiencia energética en desplazamientos largos, no parece producirse por una única causa; es más una suma de circunstancias que favorecieron esta evolución.

            La consecuencia de esto, al dejar las manos libres, fue el aumento en la precisión con ellas. El Australopithecus de hace 4 millones de años era completamente bípedo, aunque mantenía los pies curvos para trepar a los árboles. Este manejaba palos y piedras que tuvieran la forma apropiada para el uso que quisiera darle. Su descendiente el Homo habilis golpeaba para crear sus propias herramientas. Pero no es hasta el Homo erectus hace 1 millón de años y ya completamente bípedo, cuando las manos alcanzaron la precisión para poder crear herramientas avanzadas, ropas e incluso construcciones.

            Otra corriente científica cambia el orden; el bipedismo fue la consecuencia del uso de las manos. En un estudio cerebral entre monos y hombres se ha comprobado que usamos las mismas zonas cerebrales para manipular, pero distintas para el manejo de los pies. Existe un principio evolutivo el cual señala que rasgos comunes entre especies relacionadas suelen venir primero, mientras los que se diferencian vienen después. Esto implica que la especialización cerebral del pie en el hombre fue posterior al uso de las manos. Resumiendo; el mayor uso de las manos condujo a la necesidad de tenerlas libres y por ende adoptar la postura erguida para desplazarse.

             

            En la película se puede ver perfectamente este tipo de evolución. A los simios les falta algo para despertar su inteligencia. El precursor de ello es el monolito; una chispa, una idea, un replanteamiento de para qué usar algo que se tiene en las manos y no es comestible. Inicialmente cuadrúpedos y usando las manos solo de forma rudimentaria, para posterior a la idea surgir el uso de herramientas (armas, mejor dicho). Esto implica tener la obligación de desplazarse bípedamente. Así en la batalla de la charca, todos esperan de pie poder asestar un golpe que los lance a un estadio evolutivo superior.

             

            La Luna


            La representación de los paisajes lunares corrió a cargo del grupo de producción y arte liderado por Tony Masters, inspirándose en las recientes, en aquel entonces, fotografías tomadas por la misión soviética Luna 9 (1966).

            El suelo rocoso representado en la película se aleja un poco de la sinuosidad y arenosidad del verdadero suelo lunar. A la vista de las fotografías de la sonda Luna 9 se pudiera pensar en un suelopedregoso, pero los milenios de continuo bombardeo han erosionado de sobremanera la Luna. La capa más superficial es un suave conglomerado de materialesprovenientes de la desintegración mecánica producida por el choque de meteoros.

            Si bien esto pudiera parecer un tratamiento erróneo, no es sino una inexactitud debido a las limitaciones de información de la época. Aunque no es menos cierto que lo visto en el celuloide pudiera pasar perfectamente por la misma Luna y sin necesidad de invocar a conspiración alguna.

            Respecto la inclusión de montañas, montes y acantilados son un total acierto en el film. La geografía lunar es variada e incluye montañas como el Mons Huygens de 5500 m, cordilleras como Leibniz con cotas de 6100 m de altitud y acantilados como el Rima Aridaeus de 226 km de longitud, así como también valles y escarpados.

            19410

            Respecto el movimiento de los personajes en la superficie lunar, es más complejo. Las escenas espaciales en ausencia de gravedad fueron realizadas con maestría y exactitud, todo gracias a la información cedida por la NASA de las misiones espaciales Geminis (1962-1966). En ellas se realizaron importantes pruebas de acoples entre distintas naves y paseos espaciales, ambas indispensables para el futuro alunizaje.

            Pero los movimientos en la Luna no se presentan adecuadamente, sino que se realizan con la misma soltura que si estuvieran bajo la gravedad terrestre. La Luna tiene una gravedad seis veces menor que la Tierra y como bien es sabido el desplazamiento de un astronauta en ella se produce a saltitos; debido a su ligereza. Allí una persona de 80 kg pesa 13 kg.

            Resumiendo, la representación de la Luna es correcta excepto en la clase de suelo, aunque el mayor error es no haber tenido en cuenta el cambio de gravedad en nuestro satélite.

             

            Estación espacial 5


            La estación espacial como puerto de paso antes de dar el salto a la Luna, plasma a la perfección un posible viaje futuro a grandes distancias.

            De forma circular y con un diámetro de 560 metros, la estación gira sobre si misma para generar una gravedad artificial, por acción de la fuerza centrífuga, y así normalice los movimientos dentro de ella. Se trata de un diseño basado en la Ciencia e ingeniería más eficiente. La rotación necesaria para producir gravedad está relacionada con el diámetro, pero restringida por la tolerancia humana a los giros, ya que producen malestar y mareos. Para evitarlo, las revoluciones deben tener un máximo de dos vueltas por minuto.

            El ingeniero Henry Lang trabajaba en la NASA diseñando naves bajo las órdenes de Werner Von Braun; ingeniero aeroespacial, jefe de la NASA y creador del futuro cohete Saturno 5, heredero directo de sus anteriores invenciones; los V-1 y V-2. A este también se le debe el concepto de estación espacial en forma de anillo giratorio. Para poder dedicarse totalmente a los diseños requeridos para la producción de 2001, Lang tuvo que abandonar la agencia espacial. Así fue él quien diseñó, junto a su equipo, la estación espacial 5.

            Representada en la película a medio construir, mas parece una sutil ironía de la inextinguible habilidad de los humanos de incumplir plazos, sea cual sea el milenio.

            La premonitoria ubicación de la estación espacial 5 bien pudiera ser la que posee la Estación espacial internacional, unos 400 km. Desde ella las naves no tendrían que gastar tanto combustible para escapar de la gravedad terrestre, al contrario de si despegaran desde la superficie. Esto es lo plasmado en el film, una nave para salir de la Tierra y otra para ir hacia cualquier destino, optimizando gastos tanto en combustible como en diseño aerodinámico.

             

            Una odisea de conceptos


            Los tres grandes ejemplos anteriores puede hacer una idea de su rigor en grandes conceptos, pero también la obsesión del director llegó a los pequeños detalles.

            El baño de gravedad cero con instrucciones de uso, las zapatillas con suela de velcro, el retardo en la comunicación estelar, comida en pasta con cañitas y así un largo etcétera. Unas de las que más me gusta son los gorros de las azafatas, horribles ahora pero totalmente eficientes para impedir que las cabelleras dancen libres por la falta de gravedad.

            También existen varios descuidos, fallos o licencias en el film. Una es la ya señala gravedad lunar, puede observarse en la escena del desplazamiento en una nave-bus desde la base Clavius hasta el lugar de emplazamiento del monolito lunar.

            Otro fallo que me molesta de sobremanera es durante la salida de Frank Poole de la Discovery. Mientras se realiza, David Bowman queda en la cabina de mando supervisando la operación. Lleva el traje puesto, por si surge un percance, pero el casco está en la cubierta de cápsulas, lejos de él. No creo que sea el protocolo más riguroso y acertado. No contento, se produce dos veces la misma situación.

            Con aciertos y fallos, estamos ante la primera película de Ciencia-ficción que hace justicia a tan gran término.

            • 2001: A Space Oddissey
            • Stanley Kubrick
            • Ciencia vs Ficción
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              cardescu@gmail.com (Cristian Cárdenas) Cine Mon, 15 Oct 2018 10:15:47 +0200
              Venom http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/venom.html http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/venom.html Venom

              Escucha tu interior.

              Tras la avalancha de críticas negativas que la película recibió sólo un par de días antes de su estreno, unas opiniones respetables, pero evidentemente venidas de eruditos que quieren cintas de superhéroes (o antihéroes en este caso) más intelectualoides o thriller de espías, el resto de los mortales pensaban que se encontraban ante el fiasco del año. Y no me he incluido en ese saco no porque yo sea inmortal, para nada, ya estoy muerto incluso, sino porque la situación no es nueva y todo esto ya huele a chamusquina. Para que me comprendáis, tan mala no podía ser. Eso si era mala de verdad... Vale que la unanimidad de reseñas negativas era brutal y que la película venía con el pesado PG13, ya sabéis, al igual que Megalodon, una cinta no recomendada a menores de 13 años, y no de 18 como mandan los cánones de cualquier film violento que se precie. En este sentido y conociendo la naturaleza de Venom sí que te puedes quedar con las ganas de más sangre, de que fuera más bestia e incluso más políticamente incorrecta (algo que adoro, pese a que hoy vas a prisión prácticamente por ello) pero (parece mentira que sea yo el que vaya a decir esto) el producto final se encuentra a años luz de todo lo que ruló tachando Venom como la peor película de todos los tiempos. Realmente es bastante disfrutable, pero antes vamos con el contenido argumental (que lo tiene).

              Como periodista, Eddie Brock (Tom Hardy) lleva tiempo intentando desenmascarar al creador de la Fundación Vida, el famoso genio científico Carlton Drake (Riz Ahmed), una obsesión que ha arruinado su carrera y su relación con su novia, Anne (Michelle Williams). Al investigar uno de los experimentos de Drake, el ente alienígena Venom se fusiona con el cuerpo de Eddie, y el reportero adquiere de pronto nuevos e increíbles superpoderes, así como la oportunidad de hacer prácticamente lo que se le antoje. 

              Por un tema de licencias y derechos Sony no permite englobar este personaje al universo Spidey o Vengadores, al que pertenece, al igual que ya ocurre con X-Men o Deadpool, pero esto no ha impedido que la compañía se saque de la manga una adaptación para el famoso simbionte. 

              Como narraba en el primer párrafo, todos los supuestos inconvenientes con los que partía esta Venom terminan quedando en sombras, ya que a grandes rasgos la obra de Ruben Fleischer (Zombieland) está bastante conseguida e incluso en muchas ocasiones consigue ser más divertida que Deadpool, por poner un ejemplo. Y esto amigos, tiene su mérito ya que, a todas las desventajas ya expuestas, se le une en último momento una más, la tijera de montaje. Según fuentes oficiales a la cinta se le han amputado 40 minutos nada más y nada menos de metraje, y según el propio Tom Hardy aquí estaban las mejores secuencias filmadas... ¿Las veremos algún día o quedarán en el inconsciente colectivo a modo de leyenda urbana como la escena de las pirañas en Holocausto Caníbal? Sólo el tiempo lo dirá. Lo mismo que su posible vinculación con Life.

              Con todo, la película se desenvuelve a las mil maravillas en el terreno que pisa, es decir, el de cinta de acción subidita para toda la familia. El de pillarse el combo palomitas + refresco + juguete + cualquier otra chorrada y entrar a la sala a desconectar. En ese sentido básicamente es dinámica y cumple su cometido llevando al espectador por una historia simple pero bien contada, con unos tiempos bien medidos entre las secuencias bravas y las de explicaciones pseudocientíficas que por locas que suenen, convencerán a todo el mundo. Si bien, esos problemas de recorte en montaje que ya advertí hacen que en cierto momento la cinta vaya sin frenos, en especial del ecuador en adelante, donde los acontecimientos parecen desfasarse en comparación con un inicio mucho más sosegado, que se toma su tiempo para mostrarnos vida y milagros de Eddie Brock y así meternos en situación.

              La acción está bastante bien filmada y se complementa a la perfección con la dosis de humor que le aporta la interpretación de un alienado Tom Hardy y las líneas de diálogo del propio Venom. Y de nada valdría que esa acción estuviese filmada cojonudamente si los efectos especiales no fueran de categoría, que lo son. Explosiones, persecuciones, disparos y claro, el diseño de Venom y otras criaturas que aparecen en el film es también un trabajo impecable. 

              Donde cojearía realmente es en los villanos. Villano alfa y sub-villanos. Ese antagonista sacado de Slumdog Millionaire que no da la talla en ningún momento ni su típico machaca alopécico con cara de haber repetido curso ya tres veces o más. 

              ¿Sería esta Venom una buena adaptación del personaje? Más bien no. ¿Es mala película? Tampoco. Simplemente la película juega a entretener y esto lo consigue con creces. Deja abierto el universo creado para una posible secuela o incluso varias más. 

              En resumidas cuentas, querido lector, no puedo decir que no se fíen de las críticas, porque si no nunca podrían fiarse de mi consejo. Lo que si diré es que al igual que Eddie Brock con Venom escuchen su voz interior, denle una oportunidad y juzguen ustedes mismos. Está clarísimo que el universo hater ya lo ha hecho. 

              • Venom
              • Tom Hardy
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                ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Sun, 14 Oct 2018 20:22:49 +0200
                Contra el vacío http://www.statistics.scifiworld.es/home/contra-el-vacio.html http://www.statistics.scifiworld.es/home/contra-el-vacio.html Contra el vacío

                “Lo peor de empezar una nueva escena es que tienes que hacerlo con un trozo de papel en blanco. Y no hay nadie más que te pueda ayudar. Tienes que empezar tú mismo […]. En las películas de imagen real, tienes a Robert Redford o un decorado maravilloso, pero nosotros empezamos con nada.” Ollie Johnston.

                Existen dos métodos creativos miméticos. Ambos tienen las mismas herramientas, uno palabras y el otro, líneas de acción. También a la par requieren de disciplinas, enfoque y perseverancia, y comparten a un mismo enemigo común: el vacío de una hoja de papel. No es un adversario fácil. La blancura del folio deslumbra la intención, desenfoca el objetivo pero al mismo tiempo alimenta la inquietud, sopesa las opciones y vislumbra la oportunidad. Existe un contratiempo, no se llega a su fin instantáneamente sino con mesura, disfrutando a cada paso. Proponiendo pactos subversivos, quizás rozando el carácter mercenario, pero nunca traicionando el propio periplo en el que decides embarcarte, aunque a veces su destino sea el inesperado, y por tanto, el más gratificante.

                El pasado día dos de Octubre, tuvo lugar una “masterclass” con Eric Goldberg en el espacio COMO de Madrid. El título del evento era la celebración del nonagenario Mickey Mouse. Ha llovido mucho desde el cortometraje, sobrevalorado hasta la saciedad, (cualquier Silly Symphonies fue mejor) Steamboat Willie (1928), hasta el fantástico ejercicio metanarrativo que es Get a horse! (2013). En ambas historias coexiste dos Eric Goldberg, en la primera el espectador y en la segunda el creador. Aquí podríamos recordar las palabras de otro gran maestro, Akira Kurosawa: “El proceso creativo proviene de la memoria. Es tu verdadera fuente. No se puede crear algo de la nada. Ya sea leyendo o de tu experiencia en la vida, no puedes crear nada si no tienes algo en tu interior.” No existe mayor embrujo que el creativo y el tributo al ratón fue uno fascinante. Contado con desparpajo, y quizás algo sobreactuado pero funcional, las explicaciones del sabio animador, director y diseñador, fueron reveladoras. Pero no sólo fue teórico el encuentro, sino que luego nos regaló un ejercicio interesantísimo: dibujó una cronología mickeyniana asombrosa, abocetando en cada dibujo a un Mickey por década. De esta manera y con asombrosa perfección artística, el veterano animador iba dibujando líneas, trazos, al mismo tiempo que los iba explicando. Telegrafiando la pose del personaje, y por tanto, significando su emoción, expresado en un acto concreto, con un movimiento determinado. Y este diálogo gráfico se iba alimentado a su vez de uno narrativo creándose una redundante conversación. A la vez que relataba el proceso creativo, en algunos casos mutado a parrafada (ya sabemos que el recuerdo es el gran traidor de la realidad), veía a un hombre encorvado, desarrollando una joroba de dedicación por lo que hacía enfrentándose a la hoja en blanco, e irremediablemente me iba recordando a un escriba, y en definitiva, a mí mismo. A cada movimiento ejecutado, un misterio revelado. A cada pregunta ejercitada, un enigma por resolver. La búsqueda narrativa en su estrato más significativo. El proceso creativo al desnudo. Al ver al maestro no pude dejar de pensar contra quien se enfrentaba. Esa nada de la que habla al principio un “Nine Old Men”, que al comienzo no es y que lentamente va construyendo el sentido de lo que debería ser. Parafraseando a otro genio, Orson Welles, que decía que el cine era el tren eléctrico más maravilloso, la escritura también puede llegar a ser un juguete, de hecho es un puzle. El componente lúdico es esencial. Escribir no es otra cosa que reescribir y para ello hace falta mucho juego. Viendo a Eric Goldberg dibujar y rememorar a Mickey Mouse era también ver a un niño jugar con su “toy”. Se notaba que disfrutaba del reto, se divertía con su imitación de voces a lo cartoon, y lo más importante, era consciente de ello, estaba participando de su perfomance. El trabajo de dibujante como el de escritor demanda soledad. Esa lucha contra el vacío escenifica el momento de la verdad, uno donde nace la inspiración pero también donde muere. En definitiva, la vida misma reflejada en una DIN A 4.

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                Proyectom05@hotmail.com (José Amador Pérez Andujar) Animación Fri, 05 Oct 2018 12:36:25 +0200
                Hell Fest http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/hell-fest.html http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/hell-fest.html Hell Fest

                Haga su slasher en tres sencillos pasos.

                Parece fácil, pero confeccionar un slasher de manual y que salga bien es una tarea difícil, ejemplo de ello son infinidad de títulos en los últimos y no tan últimos años. Aunque se trate de un esquema simple y no requiera de una narrativa extremadamente compleja no siempre el resultado es el adecuado. Pues bien, Gregory Plotkin lo ha conseguido, con la ley del mínimo esfuerzo, pero lo ha conseguido y eso amigos a día de hoy con un título de estas características que se estrena en salas a gran escala tiene su mérito. Para comenzar el film que hoy nos ocupa une dos elementos que me encantan y que me llevaría a una isla desierta; el ya mentado subgénero slasher y un parque de atracciones ambientado en Halloween. Era extremadamente difícil decepcionarme, aunque otras con estos mismos ingredientes ya lo consiguieron.

                La primera condición la cumple, ese aroma ochentero que tanto nos gusta se respira en cada secuencia, aunque no se trate de la típica retro-movie a lo The Sleeper, pero tampoco a esos slashers 2.0 millenials del nuevo siglo más del estilo Tragedy Girls. El segundo paso también lo cumple, la "construcción" de personajes, aunque más que construcción yo diría el estereotipado de estos desde su presentación. Lo tenemos todo, a saber: el chico pringado que si jugara al fútbol no le metería un gol ni al arcoíris y que lleva un cartelito en la frente que dice "mátame", los graciosillos malotes que te hacen empatizar con el asesino con el que más o la guarrilla de turno (oh, comentario políticamente incorrecto... se me escapó). Un reparto coral y una duración perfecta, noventa minutos clavados, que huelga decir, no se hacen largos en ningún momento. Con todo esto y como estamos a 2018 y parece que de todo hay que quejarse me mimetizaré con mi entorno y destacaré las partes débiles de la película de Plotkin, donde más cojearía esta Hell Fest. Tal vez para terminar de llevar a cabo el slasher definitivo habrían sido necesarias más secuencias de desnudos y bastante más muertes con bastante más sangre o vísceras. En este sentido los puristas del gore saldrán decepcionados del film, por muchos guiños a Fulci o a Hooper (The Funhouse) que haya.

                Pero sigamos con el manual, por último, el tercer paso también lo ejecuta de forma solvente. El asesino. Ya sabéis, el "bueno" en este tipo de historias. Se crea muy bien esa relación en la que odias a los protagonistas, pedorros absolutos, y adoras a su verdugo, deseando ver cómo va acabando con cada uno de ellos. Como digo, la presentación del serial killer y su estética, aunque minimalista, cumplen, eso sí, todo esto después de un prólogo algo regulero que denota un rodaje rápido y llevado a cabo sobre la marcha. 

                Aunque la cinta no juegue a homenajear es un homenaje en sí misma. Sabe lo que quiere en todo momento y la verdad hacía mucho tiempo que no veía un body-count de estas características, tan sincero consigo mismo y con su público. Las interpretaciones son algo justas, por no decir muy justas, pero claro eso forma parte de las reglas de la cinta, los que esperabais la Palma de Oro de Cannes para Hell Fest no habéis entendido nada... Ni siquiera los que pedían más tiempo a Tony "Candyman" Todd en pantalla entendieron que su personaje era un simple cameo, bastante gracioso y ocurrente, por cierto. Y no puedo terminar de hablar del conjunto de la película sin mentar lo mucho que me gustó su final, sin explicaciones, sin revelaciones, sin flashbacks, nada. Un temerario asesino que simplemente irradia maldad y que para colmo es padre de familia. 

                Por otro lado, el diseño de producción es sencillamente espectacular. El parque con todos sus túneles del terror y sus criaturas superaran con nota sobradamente alta el examen de cualquier terrorfilo que se precie. Interesante como los sustos y jump-scares se mezclan en la ficción los reales con los de las atracciones. 

                Plotkin, ese pobre diablo al que le cayó el marrón encima de dirigir ni más ni menos que Paranormal Activity: Dimensión Fantasma... Un desastre, evidentemente, ni Martin Scorsese habría salvado aquello... el bueno de Gregory está excusado. Con Hell Fest parece desquitarse y encontrarse en unos terrenos más cómodos, donde se percibe trabaja con mayor sobriedad. 

                A nivel distribución, hay que mencionar la buena vista comercial que se ha tenido para su estreno, haciéndolo en octubre (mes de Halloween), haciéndola coincidir con la ilustrísima fiesta del cine, con la suficiente distancia de semanas en cartel con la titánica La Monja, competidora potencial y contra la que nada habría podido hacer y además con hacerlo una semana antes del Festival de Sitges, perfecto para ir abriendo boca y haciendo apetito. 

                Antes de irme comentar que este mismo año, ha estado rulando por festivales Blood Festpelícula de Owen Edgerton que ignoro si se estrenará en nuestro país. No solo comparte parentesco de título con nuestro slasher de hoy, sino que lo hace además en cuanto a temática, ya que esta cinta también relata las correrías de un grupo de teens en un festival de terror granguiñolesco que termina desmadrándose debido a los ataques reales a los asistentes. Mucho más caricaturesca y llevada más al campo de la autoparodia, no deja de ser amena, pero inferior a Hell Fest

                En resumidas cuentas, diversión sin pretensiones que no, no ganará ningún Óscar ni entrará en ningún Top 10 a final de año, pero que te hará pasar un rato entretenido sin duda gracias a su buen hacer tras la cámara y a su guion catedrático dentro del subgénero en el que se mueve. Pero sobre todo que te hace recordar aquella inocente y lejana época en la que los slashers eran solo eso, slashers

                • Hell Fest
                • Gregory Plotkin
                • Slasher
                • Tony Todd
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                  ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Thu, 04 Oct 2018 12:44:25 +0200
                  Matar a Dios http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/matar-a-dios.html http://www.statistics.scifiworld.es/reviews/matar-a-dios.html Matar a Dios

                  ¿Tú lo harías?

                  El gran premio del público en el ya inminente festival de Sitges no se gana todos los días. De hecho, se gana sólo una vez al año y solo una afortunada. O no tan afortunada, porque si hablamos de suerte está claro que Matar a Dios no es una de esas cintas a las que los éxitos le han caído del cielo, sino que se ha cosechado con el sudor y el buen hacer de todo su equipo, tanto técnico como artístico, todos los premios y reconocimientos que ha ido coleccionando a lo largo y ancho de todo nuestro planeta. España es un país complejo a un buen número de niveles y siempre se ha caracterizado por que sus gentes (y más en los últimos años) están a un paso del surrealismo. Tal es el surrealismo que siempre que nuestro país concibe una obra cinematográfica de nivel, es más reconocida más allá de nuestras fronteras con una magnitud infinitamente mayor a la que le pueda dar toda la piel de toro. Los ejemplos son incontables y no voy ahora a convertir mi texto en una denuncia o un alegato al eterno refrán de que nadie es profeta en su tierra, pero algo me dice y acercaría bastante la mano al fuego porque si la estupenda película que hoy abordamos hubiese sido filmada por un grupo de cineastas cuya lengua no aprenderíamos jamás, casi seguro estaríamos hablando de una película de culto desde el minuto cero. No nos anticipemos, Matar a Dios tiene todas las papeletas para convertirse en una, pero el público tiene que darla una oportunidad, porque sinceramente la merece.

                  Pero vamos al lío, la penúltima locura de los cineastas Pintó & Caye (sí, sé que es su ópera prima como largometraje, pero ya venían de rodar un buen puñado de cortometrajes cada uno y seguro estoy de que no será el último) trata la peculiar historia de una familia costumbrista en la noche de fin de año en una aislada casa en las profundidades de un bosque ibérico. Entre medias de una serie de acontecimientos que tensan la relación entre los personajes aparece en escena un misterioso enano homeless, que dice ser Dios personificado y cuyo plan es destruir a toda la humanidad a la mañana siguiente. A toda la humanidad salvo a dos individuos, que los protagonistas de la cinta deberán elegir antes de que salga el sol.  

                  Para comenzar se nos presenta un prólogo cruel y acertadísimo para la ocasión, con un tono de leyenda, casi de cuento o fábula, que impregna la producción hasta el final y en cuya atmósfera reside gran parte del magnetismo de la obra de P&C. Ese halo entre lo castizo y el surrealismo doméstico se ve acompañado, en todo momento, de una extraña, pero efectiva belleza visual, que tanto libreto como personajes y demás aspectos acompañan sin ningún tipo de problema, dotando a la película de una marcada identidad y un carácter único. Puede beber y tener referentes, en efecto, el cine de Jeunet, Buñuel o Álex de la Iglesia supervisan en todo momento el film, pero Matar a Dios va más allá y se desmarca del mero plagio/homenaje para sencillamente solo inspirarse en elementos ya vistos en estos y otros realizadores para crear su propio rompecabezas. Y uno de los componentes que lo confirman sería una incorrección política más valiente y atrevida, que incrustar un mero mensaje social tras alguna secuencia turbia. En ese aspecto Matar a Dios es más directa, va más al grano y a mí por lo menos me parece mucho más molona que otras que puedan competir con ella ya no solo en trama o subgénero, sino en mensaje final o moraleja. Muy interesante, por cierto, en este aspecto, pero que cada cual saque sus propias conclusiones. 

                  Por otro lado, los intérpretes dan la talla con solvencia, y no es fácil en una cinta tan teatral y con solo cinco actores durante la mayor parte del metraje en pantalla. Los diálogos que entonan son frescos y están construidos de tal forma que siempre despertarán en el espectador una intriga por un lado y una provocación por otro, dando lugar a un estado de alerta total cada vez que un personaje abre la boca. Todo requiere una importancia vital en lo que ellos dicen, bien sea información para la comprensión argumental o bien sea un buen puñado de palabrotas, que nunca está de más oírlas. 

                  Técnicamente, como decía algún párrafo más arriba, destaca el atractivo visual. Está rodada con un repertorio imaginativo de planos creativos y una gran puesta en escena. De algún modo, Matar a Dios bien podría dar el pego como cursillo acelerado sobre dónde y cómo poner la cámara.

                  En resumidas cuentas, una pequeña gran película que desprende una gran particularidad; te hará replantearte tu existencia y la de los que están a tu alrededor. ¿Suena pedante verdad? Era difícil que no lo fuera, pero no, no lo es. Toda la culpa la tienen el talentoso dúo Pintó & Caye y su extravagante e ingeniosa forma de crear.  El humor negro al servicio de todos. 

                  • Caye Casas
                  • Albert Pintó
                  • Itziar Castro
                  • Emilio Gavira
                  • David Pareja
                  • Eduardo Antuña
                  • Boris Ruiz
                  • Matar a Dios
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                    ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Tue, 25 Sep 2018 16:36:31 +0200